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Palacio de los López: la historia que no se cuenta en la foto

El edificio más fotografiado de Asunción se levantó como casa particular, nunca fue habitado por el hombre que lo mandó construir y recién se convirtió en sede del gobierno en 1894, veinticuatro años después de su muerte. Buena parte de lo que se cuenta sobre el Palacio de los López no resiste el archivo. Esta es la historia con las fuentes al lado, y con las lagunas dichas como lagunas.

Un palacio para una casa particular

El terreno frente a la bahía, en el antiguo barrio Las Barcas, lo heredó Francisco Solano López en 1843, a los diecisiete años, de su tío abuelo materno Lázaro Rojas Aranda. Su padre, el presidente Carlos Antonio López, fue comprando los lotes vecinos hasta completar unas dos manzanas; la última adquisición se cerró el 5 de diciembre de 1855.

La obra se pagó con el tesoro del Estado, aunque el destino era una residencia privada: la casa de Solano López y Elisa Alicia Lynch. La historiadora Margarita Durán Estragó, que revisó el Archivo Nacional y la Escribanía Mayor de Gobierno para su trabajo El palacio (que no fue) de López, señala ese punto como ejemplo de una frontera borrada entre lo público y lo privado.

Ninguno de los dos llegó a vivir ahí.

Cuándo empezó la obra: dos versiones

La versión oficial —la que repiten la Municipalidad de Asunción, la Junta Municipal y la mayoría de las guías— dice 1857.

Durán Estragó sostiene otra cosa. La primera noticia documental que encontró es del periódico El Semanario del 15 de febrero de 1864, que menciona un “nuevo edificio” en construcción sobre El Paraguayo Independiente. Su conclusión es que la obra arrancó a principios de 1864. También descarta la fecha intermedia de 1861, que vendría de una frase suelta del inglés Masterman.

No hay convergencia. AsuGuide deja las dos anotadas, porque la diferencia no es menor: entre una y otra hay siete años y una guerra de por medio.

Quién lo diseñó: la pregunta sin respuesta

Sobre la dirección de obra hay acuerdo: el arquitecto inglés Alonso Taylor, nacido en Chelsea, contratado en noviembre de 1858 como “arquitecto y picapedrero”, que desde 1864 dirigió el palacio con un sueldo de 108 pesos mensuales.

Sobre los planos, no. Durán Estragó lista tres hipótesis y no elige ninguna: el ingeniero George Thompson, el italiano Alejandro Ravizza —por el aire italianizante del edificio— y el ingeniero militar austrohúngaro Francisco Wisner de Morgenstern. Su frase es clara: no logró encontrar los detalles de la construcción.

La Municipalidad, en cambio, atribuye los primeros planos a Wisner como si fuera un hecho establecido. No lo es: es una de tres atribuciones posibles.

De dónde salió la piedra, y quién la puso

El material es la parte mejor documentada. Piedra de las canteras estatales de Emboscada y Altos, ladrillo de Tacumbú, madera de Ñeembucú y Yaguarón, hierro fundido de Ybycuí. A eso se sumó mármol, granito y estuco importados. Junto a Taylor trabajaron marmolistas y ornamentistas extranjeros: John Owen Moynihan, Andrés Antonini, Antonio Ferroni, Miguel Persigo, José Lacorte.

Y una línea que las guías suelen saltear: la mano de obra incluyó indígenas, personas esclavizadas y prisioneros. Está en el trabajo de Durán Estragó, con la documentación de archivo detrás.

La guerra: la obra se detiene y el arquitecto termina preso

En junio de 1865, cuando Solano López salió de Asunción hacia Humaitá, la cantería estaba hecha y las paredes iban a media altura. En 1867 la obra se detuvo por completo: Taylor fue trasladado a fabricar hornos de destilación de azufre para producir pólvora.

Lo que le pasó después al arquitecto es de las cosas más duras de esta historia. Taylor fue apresado por orden del propio hombre que lo había contratado, llevado encadenado al campamento de San Fernando y torturado en el cepo uruguayana. Lo trasladaron a Villeta y lo rescataron las fuerzas brasileñas después de la batalla de Lomas Valentinas, en diciembre de 1868.

El bombardeo de 1868, y lo que no sabemos de él

Que hubo un bombardeo de la escuadra brasileña sobre la zona en febrero de 1868 no está en discusión. Todo lo demás, sí.

La fecha cambia según la fuente: el 22, según el promotor cultural Fabián Chamorro; el 24, según el historiador Jorge Rubiani; el 28, según Durán Estragó.

El daño también. Rubiani describe los acorazados Barroso, Bahía y el monitor Río Grande abriendo fuego a las dos de la mañana, entre treinta y cuarenta disparos, con respuesta del cañón Criollo desde la loma San Jerónimo, y cierra con una frase tajante: no hubo daños que lamentar. Durán Estragó, en cambio, dice que el palacio fue blanco de los cañones y que la torre quedó dañada. La Nación, citando a Chamorro, precisa que se destruyó uno de los cuatro pináculos.

Ninguna de las fuentes consultadas reproduce un parte militar que resuelva la contradicción. Queda abierta.

Veinticuatro años de ruina, y un colegio que no fue

Los bienes de la familia López fueron embargados por decreto del 19 de marzo de 1870 y declarados propiedad del Estado el 4 de mayo del mismo año. El edificio, ocupado por tropas brasileñas desde enero de 1869 y usado como cuartel y caballeriza, quedó en ruinas.

Entre 1876 y 1888 estuvo prácticamente sin uso. En 1879 una comisión evaluó convertirlo en Colegio Nacional para 150 internos, con un presupuesto de 42.210,75 pesos. Se descartó por caro.

Cómo se volvió Palacio de Gobierno

El 25 de mayo de 1888, bajo la presidencia de Patricio Escobar, se firmó el contrato de restauración con el constructor francés Félix Landauce por 123.800 pesos: rehacer todo el techo, reconstruir los torreones caídos, refundir el desagüe, rehacer el interior y reemplazar por hierro fundido las columnas de madera de la torre.

La inauguración ceremonial fue el 12 de octubre de 1892, fecha elegida a propósito para coincidir con el cuarto centenario de la llegada de Colón. El edificio se inauguró sin pintura y con detalles pendientes, y los contratos siguieron: rejas y balaustres en 1893, balaustres de mármol blanco en noviembre de ese año, pintura al óleo de los despachos en 1894.

El primer presidente que efectivamente lo ocupó fue Juan Bautista Egusquiza, el 25 de noviembre de 1894. Los jardines de estilo inglés que hoy lo rodean son de 1913, y reemplazaron la reja perimetral de 1893.

Lo que se cuenta y no está documentado

Cuatro historias que circulan y que conviene manejar con pinzas:

  • Que Solano López y Madame Lynch vivieron ahí. Es falso, y está documentado como falso. Es la tesis central del trabajo de Durán Estragó, y el motivo del paréntesis en su título.
  • Que es una copia del palacio de verano de la reina Victoria. No hay ninguna fuente paraguaya, académica ni oficial que sostenga la comparación. Lo único documentado es que Solano López quería un palacio como los que había visto en Europa, sin nombrar ninguno.
  • Que hubo una orden de no bombardearlo. No aparece en ninguna fuente documental consultada. Lo que sí está documentado es lo contrario: un bombardeo, en febrero de 1868.
  • Que hay mazmorras o túneles secretos en el sótano. Lo que existe y está documentado es una galería abovedada, restaurada entre 2020 y 2023. Ninguna fuente le atribuye función carcelaria.

Sumamos una quinta, más fina: que la obra duró diez años y quedó casi terminada en 1867. Lo repiten la Municipalidad y buena parte de las guías, pero choca de frente con las paredes a media altura que el archivo describe en 1865.

El palacio hoy

La última gran restauración empezó en noviembre de 2020 y terminó en noviembre de 2023, siete meses más tarde de lo previsto. La ejecutó el consorcio Engineering S.A. y Caraguatay S.A. para el MOPC, con dirección de restauro del arquitecto José María Calvo, por algo más de 38.885 millones de guaraníes más reajustes. Se consolidó la estructura, se recuperó cerca del 70% de las pinturas murales dañadas, se restauró la galería subterránea y se repusieron los pináculos.

Esos pináculos tienen su propia historia: el 30 de diciembre de 2021, un temporal levantó chapas y estructuras de hierro del obrador y destruyó dos de los cuatro que quedaban. Ciento cincuenta y tres años después de que el bombardeo se llevara el primero.

El color tampoco es casual. La restauración buscó recuperar el tono rosado propio de la piedra de Emboscada, definido por investigación pictórica, y no el blanco que muchos dan por sentado.

Cómo visitarlo

La visita habitual es por fuera y es gratuita. Para entrar está el programa Secretos del Palacio, gratuito, los sábados, que organiza la Dirección de Cultura y Turismo de la Municipalidad junto con la Presidencia, la Secretaría Nacional de Cultura y la Senatur. Arrancó en enero de 2024 y recorre los dos pisos, incluidos los salones Libertad, Mariscal e Independencia, con historiadores militares como guías. La inscripción es previa, individual y por plataforma, y los cupos se agotan rápido. Desde marzo de 2026 hay además una versión inclusiva, con atriles con código QR en lengua de señas y audiodescripción y una maqueta táctil del edificio.

Los horarios y el enlace de reserva los mantenemos actualizados en la ficha del Palacio de los López.

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Fuentes

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